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Empieza el operativo desgaste de la AFA: cómo liberarse de Sampaoli al menor costo

Más allá del largo viaje que hoy emprenderán juntos rumbo a Ezeiza, Tapia y Sampaoli se sentarán a negociar solo en los próximos días; los dirigentes intentarán desactivar un contrato millonario; los argumentos del DT para resistir

BRONNITSY, Rusia.- “Ver acá los partidos del Mundial es desesperante.” La voz sale del corazón del cuerpo técnico de la selección , en medio de una concentración desolada. No hay plan de entrenamiento en marcha ni analistas de videos diseccionando al próximo rival; tampoco apuros en la cocina para darles de comer a las 90 personas que vivieron aquí hasta el sábado. Los que todavía quedan parecen zombies, yendo de acá para allá sin nada que hacer: sólo esperar. De fondo, por los canales de TV salen relatos argentinos de Brasil-México, gracias a la conexión satelital que traen los canales de allá. Un operario de mantenimiento frena su impulso: no imaginaba encontrar tantas caras frente a la tele cuando le dijeron que desconectara todo. ¿Cuándo se irán? La misma pregunta sobrevuela también la cabeza de Claudio “Chiqui” Tapia , pero está dirigida al staff técnico.

La curiosa escena seguirá desarmándose de a poco, hasta que finalmente se termine de romper: recién hoy, a las 17 hora local (las 11 de la Argentina), partirá el vuelo de regreso hacia el país. En el avión irá una comitiva nutrida, la mayor parte de los que viajaron el 30 de mayo desde Ezeiza hasta Barcelona, en el inicio de la aventura. Las caras más representativas serán las de Tapia y Jorge Sampaoli . El presidente de la AFA y el entrenador no arreglarán ahora sus cuentas: por más que compartan las horas desde el sábado a la noche en el Bronnitsy Training Centre, esperarán hasta llegar a Buenos Aires para sentarse a negociar. Lo dicho: Tapia y los dirigentes que lo acompañan tienen decidido que no sea Sampaoli quien comience la nueva etapa de la selección.

Ahora bien, para dar ese paso deberán destrabar un contrato que prevé una rescisión de 11 millones de dólares, que cualquiera de las partes deberá pagarle a la otra para romper ahora el acuerdo. Obviamente, nadie afrontará ese costo. Entonces, la AFA buscará llegar a un arreglo por mucho menos que esa cifra para que el técnico se corra del medio. El operativo desgaste empezó rápido: el presidente, que antes de salir del país había dicho que el técnico se iba a mantener incluso si la selección se quedaba afuera en primera ronda, se cuidó de no hablar tras la eliminación. Sus allegados parecen hacerlo por él: “Está afuera”, señalan al DT off the record. Una práctica similar estableció Tapia no bien asumió su cargo el año pasado, cuando le quitó el apoyo a Edgardo Bauza hasta que Patón se rindió y se fue, arreglo económico de por medio.

La idea de Sampaoli sigue siendo resistir, pero interpreta que el margen es mínimo. ¿Cómo convencer a Tapia de que cambie de parecer después de lo que pasó en el Mundial? El entrenador consume las horas mirando partidos: vio España-Rusia y Croacia-Dinamarca el domingo, y ayer prendió la tele para seguir los triunfos de Brasil y Bélgica, además de haber repasado la derrota contra Francia. Vive estas horas recluido, sin salir del predio, algo que ayer sí se permitieron sus colaboradores. ¿En qué quedará su proyecto de hacer un seguimiento de 60 jugadores en Europa para el próximo tramo? ¿Qué carta jugará Tapia para lograr romper el vínculo sin que los daños hundan la tesorería de la AFA?

No les corresponde a Enzo Pérez, Ángel Di María, Lucas Biglia y Marcos Acuña buscarle respuesta a esa pregunta: los cuatro desayunaron ayer aquí, aunque para ellos (y para el resto de los 23, que ya no estaba) el Mundial había mutado de sueño a pesadilla dos días atrás. Solo uno de esos cuatro subirá al avión: Acuña, que se quedará en Lisboa, en la escala prevista para cargar combustible antes de cruzar el océano Atlántico. Los que sí completarán el trayecto desde el aeropuerto militar Zhukovski hasta Ezeiza será todo el cuerpo técnico y médico, los 22 sparrings juveniles, utileros, cocineros, administrativos y dirigentes. Así de paradójica será la escena: Tapia y Sampaoli viajarán juntos, aunque separados. En la madrugada del miércoles los recibirá el frío argentino. Ninguno de los 23 que se pusieron la camiseta en el Mundial bajará de la escalerilla para comprobarlo.

En Rusia o la Argentina, los problemas de la selección no se agotan en la figura del entrenador. Con Sampaoli en la mira, el futuro de Sebastián Beccacece , su principal asistente, también es incierto: desde antes del Mundial ya estaba acordado que seguiría a cargo de la Sub 20, la otra función que desempeña. pero ahora la duda flota: ¿volverá a romperse un proyecto de juveniles naciente, con el agravante de que en enero se jugará en Chile el Sudamericano de la categoría? No hay respuesta para eso ni para la mayoría de los interrogantes que enmarcan este instante crucial de la vida del fútbol argentino…

¿Qué capacidad tendrá la entidad para advertir que más que un lavado de cara se necesita una reestructuración profunda? ¿Cuánto consenso existe para idear un plan a 10 o 15 años y no aferrarse a la idea de que “tenemos que ganar la Copa América del año que viene”? ¿Quién encabezará el operativo para tramitar la continuidad de Messi, que se fue de aquí sin decir palabra? ¿Qué jugadores seguirán el camino de salida que ya tomaron Mascherano y Biglia y que continuará Di María? ¿Hasta qué grado es posible pensar en una renovación del plantel? ¿Qué jóvenes valores, además de Tagliafico, el mejor de los nuevos en el Mundial, tendrá sentido sumar?

¿Quién, en definitiva, dirigirá a la selección mayor en septiembre, la primera cita de amistosos post mundialistas? ¿Serán los dirigentes actuales quienes lo decidirán? ¿Tendrán la grandeza de aceptar que son otros los que saben de fútbol y deben resolverlo, al modo de una “Comisión de Notables” ad hoc? ¿Mirarán el bosque y se decidirán a crear y profesionalizar un área de planeamiento, captación y gestión que abarque todas las categorías? ¿Pensarán en alguien del perfil de Julio Velasco para encarar una tarea tan fundamental, mucho más que la de un entrenador de turno? ¿Escribirán desde cero una especie de manual de estilo de lo que significa ser parte de la selección argentina -futbolista, entrenador o médico, lo mismo da-, qué valores representa, cómo debe comportarse? ¿Avanzarán en la construcción de modelo de comunicación actual, que acerque a los jugadores al público a través del sinfín de herramientas disponibles? ¿O todas estas preguntas carecen de sentido, por ingenuas?

Andrés Eliceche
La Nacion