El mundo se mantiene en vilo mientras espera nuevos movimientos en Medio Oriente este martes, día límite del plazo otorgado por EEUU a Irán para reabrir totalmente el estrecho de Ormuz y avanzar en las negociaciones por un alto al fuego. Lejos de desescalar la situación, el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó una amenaza final: «Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás».
Desde Washington, la gestión de Trump había otorgado un plazo de diez días en los que las fuerzas militares de EEUU no atacarían instalaciones energéticas iraníes, con el objetivo de llegar a un alto al fuego y un acuerdo por la reapertura del estrecho de Ormuz.
La amenaza de Donald Trump sobre Irán
En este tenso escenario – y a horas del final del tiempo otorgado – el presidente estadounidense insistió en su lógica de amenazas: «No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá», destacó en su cuenta de Truth Social sobre el posible ataque.
«Sin embargo, ahora que tenemos un cambio de régimen total, donde prevalecen mentes diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas, tal vez pueda suceder algo revolucionario maravilloso, ¿quién sabe?», remarcó el mandatario refiriéndose a la nueva cúpula iraní tras el asesinato de Alí Jameneí. Sin embargo, cabe destacar que su sucesor fue Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido ayatolá.
Irán desafía el ultimátum de Trump que amenaza con «desatar el infierno» en Medio Oriente
Irán mantuvo este martes el bloqueo del estrecho de Ormuz y desoyó el ultimátum lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una nueva señal de endurecimiento del conflicto en Medio Oriente. La decisión de Teherán elevó aún más la tensión internacional, mientras crece el temor a una escalada de una magnitud inédita.
La amenaza de Washington fue explícita: si Irán no liberaba el paso marítimo antes del plazo fijado, la Casa Blanca avanzaría con ataques sobre infraestructura civil estratégica, incluidos puentes y centrales eléctricas. El límite fijado por Trump vencía a las 14:00 hora Argentina, y colocó al conflicto en una etapa crítica.
Lejos de retroceder, Teherán rechazó las condiciones impuestas por Washington y respondió con nuevas amenazas dirigidas a instalaciones sensibles de aliados de Estados Unidos en el Golfo.
La advertencia no pasó inadvertida: buena parte de esas ciudades dependen casi por completo de sistemas de electricidad, desalinización y suministro de agua para sostener su funcionamiento cotidiano.
Los ataques sobre la isla de Kharg
En paralelo, una serie de fuertes explosiones sacudió este martes la isla de Kharg, el principal nodo exportador de petróleo de Irán, luego de un ataque atribuido a Estados Unidos, según reportaron medios iraníes.
La agencia estatal Mehr y el canal qatarí Al Araby confirmaron las detonaciones en ese enclave energético, que administra alrededor del 90% de las exportaciones de crudo de la República Islámica.
La dimensión del episodio es especialmente delicada por el peso estructural que tiene Kharg dentro del esquema petrolero iraní: se trata de una instalación prácticamente insustituible para el flujo externo de divisas del país.
Según informó Axios, en base a un alto funcionario estadounidense no identificado, el operativo fue ejecutado por fuerzas de Estados Unidos. De acuerdo con esa versión, el ataque se concentró exclusivamente en infraestructura militar dentro de la isla, sin impactar ni las instalaciones de procesamiento ni las terminales de carga de crudo.
Kharg tiene un valor geopolítico excepcional para Irán. Su ubicación en aguas profundas le permite operar con superpetroleros de gran escala, una capacidad logística que no pueden ofrecer los puertos menos profundos de la costa continental iraní.
En los hechos, es uno de los puntos neurálgicos del sistema petrolero del país y una pieza central para su economía en medio de la guerra.
“Queremos ese petróleo y podríamos tomar la isla”, declaró Trump en la entrevista, al vincular de forma directa la seguridad de la infraestructura energética con las negociaciones para intentar poner fin al conflicto.
Desde el lado iraní, en tanto, las autoridades buscaron transmitir una imagen de continuidad operativa pese al escenario de guerra.
Moussa Ahmadi, jefe de la comisión de energía del Parlamento iraní, sostuvo recientemente ante la agencia ISNA que las exportaciones petroleras del país no solo se mantuvieron activas, sino que incluso crecieron en los últimos días, a pesar de la presión militar y la amenaza constante sobre sus instalaciones.
Ese mensaje forma parte del esfuerzo de Teherán por mostrar que, aun bajo fuego y con Ormuz bloqueado, conserva margen de maniobra sobre uno de los activos más sensibles del conflicto: el petróleo.







