Y siguió: «el proteccionismo es una medida zonza y que perjudica a los que menos tienen. Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Entonces, los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera. Entonces, convengamos que las 150.000 familias que trabajaban en esto no es que sean millonarias ni que le hayan dado un impulso impresionante al país. O sea, los que se beneficiaron fueron los dueños, que los conozco a la mayoría, excelente gente, los quiero mucho».
Desde la Fundación Pro Tejer salieron a responderle este miércoles con un lapidario hilo en la red social X.
Y pasa a detallar:
- CARGA IMPOSITIVA El 50% del precio de una prenda de vestir son impuestos. Argentina tiene una de las pocas cadenas de valor completas (del algodón a la prenda final, pasado por hilado, tejido, confección, diseño y marca, comercialización mayorista y minorista), con presencia federal en todas las provincias del país. Eso hace que los impuestos se sumen en cascada como en pocas cadenas de valor, afectando fuertemente la competitividad.
- COSTO FINANCIERO Argentina tiene una de las tasas de interés reales más altas del mundo, tanto para financiar consumo como producción, además de comisiones bancarias elevadas.
- ALQUILERES EN SHOPPINGS En Argentina, alquilar un local en un shopping es 4 veces más caro que en EE.UU.
- COSTOS LOGÍSTICOS Sale más caro enviar un camión de Catamarca a Buenos Aires que traer un contenedor desde China al puerto de Buenos Aires.
- A esto se suma el TIPO DE CAMBIO APRECIADO, que abarata artificialmente las importaciones y encarece la producción local en dólares, dificultando además las exportaciones. No hace más de cinco años, Argentina recibía turismo receptivo desde Chile, Uruguay, Brasil e incluso Colombia porque la ropa era más barata acá. Eso muestra con claridad el rol central del tipo de cambio.
Y sigue: «Además, políticas que inclinan aún más la cancha hacia lo importado: el Gobierno bajó los aranceles de importación de ropa del 35% al 20%. Esto implica reducir impuestos a productos chinos, que hoy representan el 70% de las importaciones textiles. Todo lo contrario, a lo que hacen países desarrollados».
«A su vez, las plataformas digitales prácticamente no pagan impuestos ni están reguladas. Mientras EE.UU., Francia o México avanzan en regularlas, Argentina va a contramano. Y se suma el crecimiento exponencial de importaciones de ropa usada: +19.000% interanual en 2025 (12% del total de las importaciones de ropa), mayormente proveniente del desierto de Atacama. Estamos importando la basura del Mundo proveniente del fast fashion global, con riesgos sanitarios y ambientales que recaen sobre nuestro país», advierte el contundente comunicado y dispara contra Caputo: «No se puede minimizar la relevancia económica, social y federal de una cadena de valor que EMPLEA A MÁS DE 540 MIL PERSONAS. Son más de 5.000 empresas industriales y 24.000 empresas en toda la cadena de valor, que sostienen economías regionales enteras.
«Decir que los trabajadores ‘podrán ir a trabajar de otra cosa’ ignora una realidad básica: el empleo industrial no se reemplaza automáticamente. Detrás de cada puesto hay formación técnica, aprendizajes acumulados, cultura e historia que no se reconstruyen de un día para otro. Destruir capacidades productivas con la promesa abstracta de competencia nunca generó desarrollo ni mejores salarios, ni en Argentina ni en ninguna parte del mundo mundo», advierte Pro Tejer.
Y concluye: «Hoy el problema no es solo el precio de la ropa: la gente no tiene ingresos disponibles para consumir. La pérdida sostenida del poder adquisitivo, el fuerte aumento de los precios de los servicios básicos —tarifas, transporte, salud, educación— y la caída del ingreso real explican buena parte del derrumbe del consumo. A esto se suma una pérdida de empleo privado a un ritmo pocas veces visto en la historia argentina, lo que profundiza la contracción de la demanda y vuelve ilusoria la idea de que la apertura, por sí sola, mejorará el bienestar de la población.
«La discusión real no es si Argentina debe competir, sino en qué condiciones. Abrir la economía sin corregir los desequilibrios macroeconómicos no baja precios de forma sostenible: licúa empleo, destruye industria y profundiza la dependencia externa», sentencia la Fundación Pro Tejer.










