¿Qué pasará con sus trabajadores?
En estos procesos de crisis tan profundas, son los trabajadores los principales perjudicados. De acuerdo con lo informado, la empresa arrastra una deuda de ocho meses de salarios, además de aguinaldos impagos. En ese contexto, se indicó que Sancor se sostuvo con recursos vinculados al propio personal, junto con la asistencia del fondo solidario de ATILRA y la continuidad de las prestaciones de salud por parte de OSPIL, pese a la falta de aportes empresariales.
Ese planteo vuelve a poner en primer plano el costado social de la crisis. Más allá del proceso judicial, lo que aparece detrás es una empresa con severas dificultades para afrontar sus obligaciones más básicas, incluidas las vinculadas a los haberes y a la cobertura de salud de su plantel. En un sector altamente sensible para varias economías regionales, el deterioro de una firma como SanCor excede el plano societario y golpea de lleno sobre empleo, producción y entramado cooperativo.
Lejos de presentar la quiebra como un cierre definitivo, ATILRA buscó darle un encuadre político y productivo a la nueva etapa. En su comunicado, sostuvo que el eventual dictado de quiebra no debe interpretarse como un final, sino como el inicio de una instancia distinta en la que la marca SanCor pueda reordenarse y recuperar valor una vez desprendida de las estructuras que, según el gremio, la llevaron al borde de la extinción.
Si bien la situación es por demás de compleja, desde el gremio no pierden las esperanzas de una nueva reorganización. En este sentido, desde la conducción gremial sostuvieron que la eventual quiebra no significa un cierre definitivo. Y que, la difícil situación podría ser el inicio de una nueva etapa si se apoyan en la calidad de sus productos y en el trabajo del personal.








